domingo, noviembre 26

Los Gigantes

Centinelas de corazón pétreo
que aguantáis el perenne empuje
que soportáis el sonoro desgaste
de los incesantes abrazos de sal.

Leales compañeros de batalla
anhelantes vigías que esperan tierra hermana
resignados sabiendo que nunca la podrán tocar
conformandose son la brisa de su aroma.

Imponentes guerreros de pose tranquila
inamovibles al desánimo
inaccesibles sus ojos
respetados, admirados, venerados.

Hoy me es fácil sentir vuestra compañía
vuestra sorda pero cálida presencia
vuestra incorruptibilidad
Hoy habéis compartido conmigo mi soledad


Pequer

... y vuelves a faltarme tú

El negro de la noche me acompaña en esta soledad elegida.
En un bis-a-bis con mi alma, paso revista a mi estado de ánimo.
A medio camino del resurgir, encuentro fuertes muestras de mí;
vuelve la confianza escondida, vuelve la sonrisa evadida, vuelve el carácter perdido, vuelve el huracán de vida a correr por mis venas ...
y vuelves a faltarme tú.

He recuperado casi todo lo que de mí era yo, he reconstruído los cimientos desolados de la ciudad de mi cuerpo y de mi alma.
Y sin embargo, todavía tengo el agujero en la zona cero de lo que de mí eras tú.

Pequer